¿COCINA DE ENSAMBLAJE?

Sí, sí. Cocina de ensamblaje. Nooooo… no es la que se hace en una cadena de montaje de una fábrica, o con el Lego…

Este nuevo y para mi gusto ‘divertido’ término hace mención a la cocina que se desarrolla con productos de quinta gama (los que vienen precocinados desde fábricas o cocinas centrales) a los que se acompaña con ciertos elementos adicionales, digámoslo así.

¿Por qué quiero hablar de ello? Porque me parece, y lo siento mucho a quien le duela, la última gran perversión de la cocina. ¿Es ilícito? No, no lo es. Cualquiera es muy libre de desarrollar este tipo de cocina. Más fácil, más cómoda, ¿más barata?…, y sobre todo MÁS IMPERSONAL. Eso está muy bien para la gente que entienda la cocina sólo como negocio en lo que lo único que importa es sacar más rendimiento al capital invertido. Pero… para los grandes… y para los que quieran decir algo con su cocina… Lo veo como una forma de hacer perder calidad al producto final. Calidad y sobre todo ese valor añadido que sólo se puede dar cuando la mano del cocinero está en todo el proceso de elaboración del plato, y que se llama ‘personalidad’.

Y lo que me da más rabia es que por el mero hecho de recibir patrocinios, agasajos y leches varias, grandes figuras de la gastronomía nos vendan que ese es el futuro para determinados tipos de restauración… ¡Hombre! A lo mejor para la restauración de colectividades, hospitales, etc. todavía. Pero para los catering, que es el objetivo prioritario de toda esta campaña… me parece ridículo.

Yo entiendo que un catering es la comida de un restaurante o de otro local de hostelería preparada y acondicionada para servir ‘in-situ’ donde decida el cliente en las mejores condiciones posibles. Por tanto, es otra forma que tiene dicha empresa de expresar su forma de entender la gastronomía. ¿Y esa forma cuál es? ¿Abrir un paquete al vacío igual que el que tienen cientos de catering más a su alrededor y acompañarlo de un puré sacado de un bote que también sus competidores pueden adquirir en el mismo sitio? ¿Dónde está la diferencia? ¿Dónde está la ventaja entre unos y otros? ¡Ah! En la forma en que colocan la comidita en el plato… ¡Por Dios!

No debemos perder la noción de la realidad. Un catering o un restaurante son ante todo un negocio. Y como tal, tienen que generar dividendos para su propia subsistencia. Pero para cualquiera que haya estudiado un poco de Economía, las formas de obtener dividendos son múltiples y variadas. Y en este caso, se está optando por la de la disminución de costes en horas de trabajo, infraestructura y algún que otro punto más que ahora mismo no me viene a la cabeza. Pero… ¿y si optamos por la diferenciación? ¿Por las señas de identidad? ¿Por la exclusividad, en el sentido de que lo que tú ofreces es única y exclusivamente tuyo? Es otra forma de generar dividendos, creando una imagen de marca basada en la calidad, la dedicación, la preocupación por el cliente y en generar una identidad propia a través de nuestras propias creaciones. Igual que hace un restaurador que se precie. Sus platos son su seña de identidad… Sus platos, los que él ha parido a partir de sus ideas, sus experiencias y sus experimentos.

¿Por qué no puede tener un catering personalidad propia? Precisamente, eso es lo que está haciendo que Sueños de Cocina vaya haciéndose un pequeñísimo hueco en el mundo. Nuestros comensales sienten que se les ofrece algo especial, algo propio, algo cuidado, a partir de materias primas de primer nivel buscadas allá donde sea necesario y pensando por y para esos comensales. No damos refritos enlatados. Creamos con el cliente, elaboramos un menú a su justa medida, incluso desde su propio punto de partida, para llegar a unos resultados que a lo mejor no se encuentran en nigún otro sitio. Esa es nuestra diferencia frente a los demás. Esa es nuestra seña de identidad. Y esa es nuestra ventaja comercial.

¿Que no nos haremos ricos? Probablemente no. Pero lo que hagamos, lo haremos con la cabeza bien alta y con el orgullo de tratar de satisfacer al máximo las necesidades… o los deseos de nuestros clientes. Y siempre siendo fieles a nuestra forma de entender la gastronomía.

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