Todos los sueños terminan. Es la hora de despertar.

Cuesta hacerse a la idea, pero es inevitable. Como cuando descansas plácidamente y alguien golpea la puerta de la habitación, la realidad ha venido a despertarnos sin miramientos.

Hemos intentado sostenernos, esperando una buena noticia, un atisbo de esperanza, una puerta a la ilusión. Pero las últimas informaciones nos abocan a un futuro incierto y muy complicado para proyectos como éste. Si ya mantener en pie un proyecto pequeño y tan personal es difícil, las nuevas circunstancias lo complican todo aún más.

Es momento de tomar decisiones. Duras, difíciles, dolorosas… Pero inevitables. Mejor ahora que prolongar la agonía y entrar en una situación crítica de la que no se pueda salir.

El próximo 31 de octubre nuestra escuela cerrará sus puertas y con ello este sueño llegará a su fin.

Han sido ocho años de sueño, un bonito sueño, no exento de sobresaltos, pero en el que he podido compartir con vosotros momentos inolvidables, divertidos, a veces dulces, a veces salados, incluso picantes… pero siempre muy sabrosos.

Son tantos recuerdos los que se agolpan en mi cabeza… Ocho años dan para mucho. No sé cuáles de ellos resaltar. Pero sí sé qué sentimiento sobresale por encima de todos los demás: satisfacción.

Satisfacción por haberos podido acompañar en este camino de la cocina. Para algunos, descubrimiento de un territorio inexplorado. Para otros, profundizando y ampliando conocimiento

Satisfacción por ver lo que os llevabais de aquí. Por ver cómo lo compartíais con los vuestros, cómo lograbais expresaros a través de la cocina, como yo había hecho antes con vosotros

Satisfacción por sentir que lo aprendido en clase os abría puertas en la vida. Y no puertas cualquiera. He vivido momentos que se me han grabado para siempre. Como la hija que a través de la cocina le mostró a su madre que era capaz de lo que se propusiera. Como la madre que descubrió cómo ayudar a la alimentación de sus hijos a través de sus propias manos. O el chaval dudoso de su futuro que acabó encontrando su camino profesional a causa de nuestras clases. O aquel que me dijo orgulloso que por mi culpa había descubierto qué quería hacer cuando se jubilara. O esas celebraciones sorpresa, adorablemente traicioneras, que soltaron más de una lágrima.

La cocina no sólo alimenta el estómago. También alimenta el espíritu y el corazón. Y saber que he conseguido transmitiros eso con mi trabajo es la mayor satisfacción que me han dado todos estos años.

Por supuesto, también hay un enorme sentimiento de agradecimiento. A todos los que habéis contribuido a que este proyecto pudiera desarrollarse. Artífices, proveedores, colaboradores, equipo… Sin todos ellos, este camino no habría sido posible. Y obviamente a quien ha estado en la sombra, sosteniéndolo en los momentos más complicados si pedir nada a cambio.

Ineludible agradecimiento a todos aquellos que me habéis apoyado y animado, aguantando con estoicismo cabreos, nervios, preocupaciones y demás ‘detalles’ que afloran en los autónomos de este país. El camino no ha sido fácil y eso siempre tiene consecuencias.

Agradecimiento infinito a todos los que habéis seguido este camino, a los que lo habéis disfrutado y a la vez habéis contribuido a que siguiera adelante. A los que habéis caminado a mi lado. Muchos de vosotros me habéis demostrado lo que significa la palabra ‘fidelidad’. A todos los que habéis compartido con los vuestros vuestra experiencia, sembrando semillas que alimentaran este proyecto. A todos los que habéis luchado a mi lado para que este proyecto perdurara.

La Escuela cierra sus puertas. Pero el proyecto quiere seguir vivo. Sueños de Cocina quiere seguir con vosotros. Aún no sé de qué manera, pero seguiré aquí, a vuestro lado. Las redes sociales seguirán activas, para que no perdamos el contacto, y a través de ellas espero seguir transmitiendo todos los valores que han dirigido este proyecto desde sus orígenes. Y buscaré la manera de poder seguir ofreciéndoos todo aquello que habéis disfrutado a mi lado.

Por lo pronto, estos dos meses que nos quedan juntos quiero ofreceros el máximo de actividades posible. No quiero salir por la puerta de atrás. Quiero hacer todo lo que esté en mi mano para que tengamos una última despedida, a pesar de las dificultades por las que estamos atravesando. Habrá talleres, muchos talleres. Especialmente pensados para que todos los que tenéis una tarjeta regalo, una reserva o un bono pendientes podáis disfrutarlo sin problemas. Y si queréis compartir con los vuestros una última celebración, no tenéis más que consultarme. Buscaremos el hueco para ese último brindis por un futuro mejor.

Por supuesto, todas estas actividades se harán con el máximo respeto a la situación actual. Cumpliendo con todas las normativas y ofreciendo la máxima seguridad a nuestros alumnos y clientes. Despidámonos, pero con cabeza, mascarilla en ristre y levantando nuestras copas a una distancia segura. Hemos tomado todas las medidas necesarias para que esta última visita la recodéis por lo que disfrutasteis y no por las consecuencias que os pudiera traer.

Os esperamos. Para despedirnos con una sonrisa y con un buen sabor de boca.

3 comentarios de “Todos los sueños terminan. Es la hora de despertar.

  1. Ana Frias dice:

    Buenas noches, mi hija me regaló un bono para realizar las dos un curso de los que impartía de cocina.
    Con el problema de la pandemia suspendisteis los cursos y ahora acabo de leer que cerramos el centro.
    Que ocurre entonces? Devolveis el importe del curso? Espero vuestras noticias.

  2. D dice:

    Yo pude asistir (me siento un privilegiado!) al taller que hicísteis con Andy Boman, del Restaurante El Flaco, y me llevé muy buen recuerdo, siento tristeza al leer que cerráis, espero que la situación se normalice lo antes posible y volváis, en el mismo barrio además !!

    Seguiremos atentos a las novedades,

    mucha suerte !!

  3. Marisa dice:

    Yo hice el curso de las croquetas y sentí una gran emoción a lo largo de la clase. Luego practique en casa y salió alucinante. No se cocinar y en casa se quedaron todos con la boca abierta. He llegado tarde pero he llegado Muchas gracias

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